Selva Studio
Cotizar proyecto
Julio 2026·6 min

Aztecamurai: una nueva forma de imaginar el cine mexicano.

Hay proyectos que empiezan como una idea. Y hay otros que, desde el inicio, parecen destinados a generar conversación. Aztecamurai pertenece a ese segundo grupo, una mezcla de géneros, referencias y tonos que no busca encajar en una categoría, sino construir la suya propia. Con Iñigo Abaroa dirigiendo y protagonizando, y Aarón Díaz sumándose al reparto, el proyecto usa IA como lenguaje narrativo, no como gimmick.

Cartel de Aztecamurai: La Leyenda de Ultraxis.

Hay proyectos que empiezan como una idea. Y hay otros que, desde el inicio, parecen destinados a generar conversación. Aztecamurai pertenece a ese segundo grupo. Desde que comenzó a circular, no solo llamó la atención por su propuesta, sino por algo más difícil de lograr: una identidad clara. Una mezcla de géneros, referencias y tonos que no busca encajar en una categoría, sino construir la suya propia. Y eso, hoy, es lo que realmente destaca.

Esa sensación no se quedó dentro del proyecto. Poco a poco, la película empezó a aparecer en conversación de medios y espacios de industria. Uno de los más relevantes es The Hollywood Reporter en su versión en español, donde se presenta como una propuesta que mezcla comedia, drama, ciencia ficción y animación dentro de un México futurista, con un enfoque visual ambicioso. Ahí se confirma también la participación de Aarón Díaz, quien se suma al proyecto en un momento clave de su desarrollo. Y su presencia no es menor. Porque Aztecamurai no es solo una apuesta visual. También es una historia profundamente emocional.

«La IA no reemplaza lo humano. Lo amplifica.»

La narrativa sigue a un atleta que busca redimirse dentro de un deporte virtual -Ultraxis- donde el cuerpo, la mente y el pasado se enfrentan constantemente. Pero lo que hace interesante a este personaje no es solo su arco, sino el mundo en el que existe. Un mundo donde la tecnología no es un elemento decorativo, sino una extensión de la identidad.

Claqueta durante el rodaje de Aztecamurai.
Claqueta en el set de Aztecamurai · dirección Íñigo Abaroa, cámara Manuel Verde

Y ahí es donde entra uno de los elementos más relevantes del proyecto: el uso de inteligencia artificial. No como gimmick. No como sustituto. Sino como herramienta narrativa y visual.

En Aztecamurai, la IA forma parte del lenguaje del proyecto. Desde la conceptualización visual hasta ciertos procesos de construcción de mundo, se integra como una capa que permite explorar estéticas que de otra forma serían mucho más difíciles o costosas de lograr. Pero lo importante es cómo se usa. No reemplaza lo humano. Lo amplifica.

Desde Selva, eso implicó un entendimiento muy claro: la tecnología por sí sola no construye nada si no está alineada con una intención creativa. La IA no resuelve el tono, no define la emoción, no construye la narrativa. Eso sigue siendo completamente humano. Lo que sí hace es abrir posibilidades.

Escena durante el rodaje de Aztecamurai.
Rodaje de Aztecamurai en locación

También hay algo muy particular en la forma en la que se fue construyendo el proyecto, y tiene que ver con la colaboración. Trabajar con Iñigo Abaroa fue una experiencia que marcó el proceso creativo de forma muy positiva. Hay directores que llegan con una visión cerrada, y hay otros que entienden el proyecto como algo vivo, en constante evolución. Aquí sucedió lo segundo. Desde el inicio, hubo una apertura real para explorar, ajustar, probar caminos distintos y empujar el proyecto más allá de lo evidente. Ese tipo de colaboración no solo enriquece el resultado, también eleva el proceso. Hace que cada área se involucre más, que las decisiones se vuelvan más conscientes y que el proyecto crezca de forma orgánica. Y eso se siente en pantalla.

La presencia de Aarón Díaz dentro de este universo también suma una capa interesante. No solo por su trayectoria, sino porque su perfil conecta con un tipo de proyecto que busca dialogar con audiencias más amplias. Su participación ayuda a anclar emocionalmente una historia que, por su propuesta visual y conceptual, podría sentirse lejana. Aquí ocurre lo contrario. Se vuelve accesible sin perder complejidad.

Parte de esa construcción también se refleja en las locaciones. El proyecto se filmó entre la Ciudad de México y Mexcaltitán, un lugar profundamente simbólico ligado al origen mexica. Esa decisión no es estética. Refuerza una de las ideas centrales del proyecto: la coexistencia de tiempos. Lo ancestral y lo futurista no compiten. Conviven.

Equipo de producción de Aztecamurai en el set.
Crew de Aztecamurai con los extras enmascarados

Hoy, Aztecamurai está en ese punto donde la conversación empieza antes del estreno. Y eso es una señal fuerte. Porque cuando una película logra generar interés desde su concepto, normalmente es porque hay algo en ella que se siente distinto… incluso antes de verla.

En una industria donde cada vez hay más contenido, lo que realmente permanece no es lo que se parece a todo, sino lo que logra construir algo propio. Y Aztecamurai está haciendo exactamente eso.

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